A menudo hablamos de Inteligencia emocional, y de la importancia de controlar las emociones, y de las grandiosas aportaciones que este modelo psicológico tiene en la empresa, y en definitiva, en cualquier hámbito en el que las personas interactúan con un fin. No obstante es poca la gente que sabe definirme qué es concretamente la inteligencia emocional.
Pues bien, no es más que un paradigma teórico que organiza y define las competencias emocionales que influyen en nuestro comportamiento y destrezas sociales. De entre todas las teorías que se han ido desarrollando desde finales de los ochenta, la teoría de mayor popularidad es sin dudad la de Daniel Goleman. Este divide estas competencias en cuatro grupos: Conciencia de uno mismo, Conciencia social, Autogestión y Gestión de las relaciones. De cada grupo subyacen varias competencias semi-objetivas que miden el grado de I.E. de la persona en cuestión.
Pero lo importante de esta teoría no es su definición concreta, sino que ha servido para desbancar al C.I. (Cociente Intelectual) como indicador de la valía de una persona para una determinada cuestión. En el libro "La inteligencia emocional en el trabajo", Goleman y Cherniss y otros muestran la influencia de estas competencias emocionales en la capacidad de trabajadores en diferentes puestos.
Un estudio de Gallup Organization sobre 2 millones de empleados en 700 empresas reveló que el tiempo que un empleado permanece en una empresa y su productividad estarán determinados por su relación con su supervisor inmediato (Zipkin, 2000)
Dado que la productividad de los empleados depende directamente de las relaciones que se den dentro de la organización, ya no solo entre el empleado y los mandos sino entre cualquier persona con quien interactúe, es de entender el impacto de esta obra.
A partir de aquí han surgido cursos, libros, teóricos, etc. entorno a la I.E., lo que esta teoría propone es que el éxito en las relaciones no se trata de otra cosa que conocerse a uno mismo para poder tratar con el resto. Algo que desde la antigua Grecia llevan promulgando sus pensadores. Esta teoría no busca esto, sino demostrar que hay diferentes formas de evaluar a las personas, más allá del C.I. y mucho más fiables, y es que, ni en el trabajo ni en ningún ámbito, las personas somos elementos objetivos medibles, sino que implica una investigación de dentro hacia afuera. Con todo lo que esto implica desde la selección de personal hasta la propia educación donde la I.E. aún no ha desembarcado con la fuerza que debiera y donde más puede ayudar al desarrollo de las personas.














